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  • cama de hotel...

    hotelzimmer1

    Mi habitación en Kerala (uno de los lugares más hermosos del mundo)...

  • cliches vivos...

    »Evita los clichés«, me repite mi esposa una y otra vez, cuando escribo sobre turistas europeos que se enamoran de un país - que obviamente no es el suyo. Claro que lo intento, pero qué puedo hacer cuando veo en el centro de Delhi a una “india“ rubia con rastafari y con cierto-humor-y-un-par-de-pelitos-de-más-bajo-las-axilas de mucho sari, zapatos verde manzana tipo arlequín y punto rojo en la frente. Ah,  y por lo general acompañada de otro “alternativo” con pantalón amarillo bombacho hasta la pantorrilla, chanclas del año upa, mochila inca, y cabeza casi totalmente rapada con mini colita de caballo. Ese tipo de personas no son un cliché, son el pan de cada día.

    Ayer fue uno esos días. Un día-cliché. Me encontraba en el Khan Market esperando con mi chinita en el brazo al conductor (ojo, el autor no está chicaneando, aquí cualquier pelagato tiene fercho;-)). Yo leyendo la versión india de Men’s Health y mi ángel llenándome el hombro de babas y migajas de croissant.

    De repente una versión femenina rubia de Siddharta se dirige directo hacia nosotros. Nos sonríe… hm, digamos, meditativamente. Y esta qué quiere? Intento escapar. Too late pequeño sudaca. Su amigo, un muchacho de unos cuarenta y ocho años con barba tipo cabra, cachucha indígena y camisón de dormir (discúlpenme por tantos clichés) me corta el camino. Ni pa’lante, ni pa’tras. Los dos me saludan en coro. Y sonríen...

    »Wie süß«, dice la mujer. »Bien dulce, cierto?«, respondo.
    »Latino?!«. »Sí«.
    La “chica” le agarra un cachete a mi ángel; la gorda le muestra sus trece dientes retorcidos llenos de moronas. A continuación los saludo - en alemán. Los
    yogis cambian miradas un poco confusas. »Sí, soy latino pero viví en su país casi veinte años«.
    La mujer me explica que habla un “poco” de castellano - en un español, digamos… trabadito. »Cheveguísimo poder encontrado uno hispano«, añade.

    … Ah, por qué no hombre?, recapacito. Aquí casi nunca tienes la oportunidad de hablar en tu lengua materna y estos dos se están esforzando en hacerlo. Dejemos los prejuicios a un lado y charlemos un rato!

    Pongo la mano izquierda con el puño cerrado bajo la nariz y carraspeo. »Y cómo les ha parecido la India?«, pregunto. Ninguno me responde, los dos charlan en castellano - entre ellos. Carraspeo nuevamente e intento interrumpirlos. »Bla, bla, bla«. No me determinan, bueno, de cuando en vez, alguno le agarra la mejilla a mi bebé. Pero eso es todo. Me pongo colorado - rabia o vergüenza, realmente no lo sé. Pelotudos. Doy media vuelta. Lamentablemente ellos también. La mujer me pone la mano en el hombro y me pregunta qué hacemos en la India.

    Me quedo mirándola y respondo: »Vivir«.
    »Ajá, y dónde?«
    Cuando le explico en que barrio vivimos, desaparece de su rostro esa sonrisa meditativa, que la había caracterizado minutos atrás. Y de repente me habla en alemán. En la frente se le acentúan dos líneas. Me recuerda el mes de febrero en Alemania.

    »En el barrio diplomático!?«, pregunta, entonando la última palabra.
    »Yeah«, respondo. Sonriendo. No tan meditativamente como ella.
    »Y en qué trabaja usted?«, continúa interrogándome, mientras el hombre le hala el brazo. Eh?, y esta mona por qué no me tutea más, me pregunto… mientras sigo sonriendo.
    »Yo? Nada. Mi esposa«. Apenas empiezo a contarles lo que ese genio hecho mujer
    hace en Delhi se dan la vuelta y me dejan hablando solo. »Wiedersehen«, es lo último que alcanzo a escucharles. En ese preciso instante llega el conductor y recogernos. »Mámonos«, balbucea mi hijita.

    »Hey«, les grito al alcanzarlos con el carro. Ambos voltean la cabeza por un instante en nuestra dirección. »Quieren que mi conductor los arrime a alguna parte?«, les pregunto (lo reconozco, en ese momento me comporté como un patán, arrogante y sarcástico a más no poder, pero es que no podía quedarme con esa espina…). Los dos sacuden la cabeza, me miran como un culo un poco raro y desaparecen entre bicicletas, mendigos y rikshas…

    Bueno, qué se le va a hacer. Una vida llena de clichés. La mía, por supuesto.

  • libreria...

    Hugendubel

  • el reloj...

    »Yes sir«.
    Me quedo mirándolo, incrédulo. El hombre también me mira y repite, »yes sir«.
    »Cuál yes ni que ocho cuartos«, le respondo. Me pongo cada segundo más y más colorado. »Casi 30 Euros por cambiarle la cabecilla a un reloj?!«
    »No sir, 30 Eros no, solo 1700 Rupias«. El tipo sonríe. Yo me agarro los cuatro cabellos que me quedan.
    »Por eso, casi 30 Euros!«, respondo. Por qué diablos soy tan pendejo y nunca pregunto el precio antes de mandar a hacer una reparación…?

    »Okay, sir, okay«, dice, antes de escupir al piso una sustancia rojiza - el típico “chicle” de más del 95% de los hombres en este país. Y sigue sonriendo.
    »Okay… qué?« Unos veinte curiosos hacen corrillo y nos observan discutir. Unos ríen, otros hacen grandes ojos, dos se agarran los testículos por encima del pantalón, un anciano eructa y una niña se escarba la nariz. Ah, y dos turistas rubios de mochila me rompen con la mirada…
    »Okay sir. 1700 Rupias«.

    Está loco este gran hijodesumadre?, pienso por un momento. Así parece ya que no se inmuta.

    »Yo no le pago más de la mitad!«, le grito a todo pulmón.
    »Okay sir, 850 rupias«.
    »Ajá, ahora de repente 50% de descuento?«
    »Yes sir, 50% de descuento. Good customer, good price«.
    »850 rupias por esa pendejada?! Ni loco!«
    »Okay sir, 850 rupias«.
    »Que no, carajo! Eso es mucho por la huevonada que arregló«.

    El tío este me mira, frunce la boca y encoge los hombros.

    »Okay sir«.
    Cuánto quisiera tener mi treintaydos recortada, que me regaló Lucho el traqueto de mi barrio en Bogotá para que yo le hiciera cuarto para salir a rumbearse a mi prima…
    Me quedo mirándolo y le digo: »Sabe qué mister, le doy 500 rupias y haga lo que se le de la gana!«. Mientras digo eso siento un gotita de miedo, ya que más de uno de los chismosos se acerca al tipo y con un típico movimiento (indio) de cabeza - una mezcla entre sí y no y movimientos circulares… - le muestran su apoyo. A mí nadie me hace movimientos de cabeza, solo me miran. Uno que otro me atraviesan con la mirada.

    »Okay sir«. El pícaro relojero me pica el ojo, se mete el billete de 500 en el bolsillo, me da una palmada en el hombro y se da la vuelta.

    Puta, le gané a este pícaro!, pienso. Sonriente y orgulloso de mi acción me dirijo hacia el carro. Pinto me ve y abre la puerta.
    »Thanks Pinto«.
    »U are welcome sir«. Enciende el carro y abandonamos el mercado.

    Ya en camino a casa - observando mi relojito - le pregunto:
    »Sabe Pinto cuánto me quería cobra ese sinvergüenza que arregla relojes al lado del puesto de revistas “solo” por cambiarle la cabecilla al reloj?«
    »Ah sir, a usted como extranjero le cobrarían por lo menos 200 Rupias. No cierto?«
    … Pausa larga… bien larga …
    »Sir?«
    »Pinto, apúrele por favor, que mi mujer me está esperando«, le respondo mientras carraspeo.

    Con la típica sonrisa amable pero a la vez irónica que caracteriza a los tibetanos, Pinto sube el volumen del radio y acelera…

  • no parquear elefantes

    prohibido parquear elefantes en delhi

    En frente del Hotel Hyatt-Regency en el centro de Delhi...

  • asesando...

    Setenta y pico de horas han pasado desde que regresé de "escampar" un par de semanas en Europa el monsún. Sí, de escampar el monsún indio, el cual arrancó a comienzos de junio y casi ahoga a Nueva Delhi...
    Estando allí, recostado contra una de las ventanas del metro, dirigiéndome al centro de Munich - una de las ciudades más bellas, limpias pero a la vez un poco cursis que he visto en el mundo - recordé por unos instantes mi última visita a Bogotá hace más de cinco años.

    "Tomo un taxi y me dirijo hacia el casco antiguo de la ciudad.  Viejo, lleno abolladuras y apestando a combustible. El conductor: un suicida. Al menos asi maneja. Abro la ventana y respiro una mezcla de aire y dióxido de carbono que sale a bocanadas de los exhostos de buses y camiones. Trancones por todas partes, huecos y charcos.
    Detras nuestro vienen dos carros diplomáticos. Ambos Mercedes Benz, escoltados por dos motocicletas. El Convoy intenta sobrepasarnos. El taxista opone resistencia, acelera y se les atraviesa en el camino. Este vago miserable va que vuela, pienso mientras trago saliva. Quizás por esto no ve un hueco gigantesco en la mitad de la calle. Puta, que salto. Casi me rompo la cabeza contra el capo.

    Una de las motos nos alcanza, el acompañante nos muestra una mini-usi. >>Hagan campo, maricones!<<, grita. El taxista sonríe. Y acelera. La moto se nos pega, y segundos después nos sobrepasan las dos motos. Nos encañonan. Yo tiemblo, la copia chiva de Schumacher se da por vencido. Gracias Dios.
    El convoy diplomatico pasa de largo...

    Zaz. Mierda. La camisa me queda empapada. Intento cerrar la ventana del taxi. Me quedo con la manija en la mano. Zaz, otra vez. La maldita ventana se queda trancada, obviamente abierta para mi desgracia. Esos cerdos diplomáticos pasan por encima de un charco y me embadurnan de pies a cabeza. Y mis pañuelos desechables? Busco en mi mochila. Y este chino huevón abusivo? >>Cójanlo<<, grito a todo pulmon. Un niño de diez u once años me arrebata el reloj y desaparece en zig-zag entre el tráfico. Y ahora? Lo persigo? Ah, para que diablos me busco problemas? En la estación de trenes en Munich consigo un reloj igualito por tres euros. Encuentro los pañuelos y me seco la cara. Aprieto mi mochila y me trago una nube de humo de un bus que pasa por el lado…"

    El metro para en la estación de Marienplatz, en todo el centro monaquino. Me bajo. Un convoy de viejos alemanes (casi todos con ropa color crema) me sobrepasan.
    Z...a...a...a...z.
    Suspiro. Y sonrío.
    Acción pura...pero en cámara lenta.
    A veces extraño mi Bogotá - muchísimo...

    Y antes que un desadaptado me diga “lárgate sudaca pa' tu tierra”, repito: A veces, no siempre...

  • delhi belly

    »Hombre, que no tengo ganas de ver a esa tonta.«
    »Pero si es lo más de amable, solo un tricito re-enamorada de la India«
    , me responde mi esposa.
    »Una típica rubia loca fanática de la India, pero no una de las amables, sino una anarco. Eso es lo que es. Y siempre la misma vaina: Me mira rayado, a mí me toca mirar al piso. La mujer me dice su opinión en la cara sin asco. Y yo? Ni modos, yo soy tu esposo y debo ser diplomático. Pero esta vez si no voy a tus reunioncitas pendejas, te lo juro!« Le clavo la mirada a mi mujer… y no se la quito…

    Dos horas más tardes me encuentro en compañía de cuatro artistas europeos y mi esposa en el café Coffe Day en el Khan Market. Tomando Espresso. Tres de ellos son muy bacanes y conversamos de cualquier pendejada. Y la cuarta? Correcto. Me mira rayado… y yo miro al piso… Schlampe.

    »Sabes una cosa?«, me pregunta repentinamente. »Me jodí el estómago«. Yo sonrío.
    »Pobrecita.«
    »Pero saben dónde me indigesté?«
    Todos la observan con compasión y curiosidad.
    Me imagino zorra que en uno de esos huecos que sueles frecuentar y donde por 50 centavos de euro te llenas la panza. Cuánto quisiera decirle esa y otras verdades… pero mejor sigo observándola y callo.

    »En el Oberoi.«
    »En el Oberoi?!«
    , pregunto más que asombrado. En uno de los hotels más costosos y bellos de Delhi, donde casi todo es importado y un mango lassi no cuesta menos de cinco o seis euros… Sí claro, semanas y semanas tragando y durmiendo por un par de centavos en la super-barata-y-alternativa-India y por el simple hecho de darle al final del viaje un lujo al pobre cuerpo que ya está hecho trizas, se le echa la culpa al sistema imperialista de la diarrea causada por las amibas & Co. incubadas a través de todo el viaje. »Tan raro, esa historieta la conozco de algunos foros sobre la India en Internet. Qué casualidad que a ti también te pasó, no cierto?!«, le pregunto, mientras le pico el ojo.
    Mi mujer se voltea y me mata con la mirada. Yo miro rapidito hacia el piso – y me sonrío. La (otra) estúpida sacude la cabeza, saca una botella medio sucia de su mochila y se va para el baño.

    Un par de minutos después regresa. Al verla recuerdo a Cher.

    »Mierda, mi estómago no quiere calmarse.«
    »Oye, qué tienes ahí?«
    Mis bellos ojos marrones no pueden creer lo que están viendo.
    »Agua fresca.«
    »Agua fresca?
    De dónde diablos sacaste „agua fresca“?!«
    »Pues de dónde va a ser? Del grifo en el baño.«

    La mujercita se sienta, toma un trago largo, larguísimo (sí, de la botella...), me da la espalda y continúa la charla con el resto de amigos. Yo me muerdo el labio inferior y frunzo el seño.

    »Te espero en el carro«, le digo a mi esposa.
    »Por qué te vas tan rápido viejo?«, me pregunta uno de los otros muchachos.
    »Ach, la úlcera hermano«, le respondo. Y me voy.

  • nueva delhi... el comienzo

    Y cómo fue que arrancó esta aventura en mi vida llamada nueva Delhi? A veces siento un poco de escalofrío al pensarlo. Ya casi ni lo sé. Quizás una mezcla de amor por lo desconocido, por la carrera (por parte de mi mujer) y a la buena vida (de mi parte) - y soñador y pendejo que es el ser humano (por parte de ambos).

    Y ahora? Totalmente desubicados en un país que para otros es el sueño anhelado de toda una vida: yoga, mochila, espiritualidad, pantalones bombachos, saris, rikshas, curry y mango lassi. Y para nosotros?, o por lo menos para mí? Un calor inaguantable (y eso que yo vengo del trópico) que a veces llega a los 50 grados o supera una humedad del noventa-y-no-sé-cuánto-por-ciento, una suciedad que no es comparable con ninguna ciudad suramericana - hasta el día de hoy no he visto, obviamente sin contar los hoteles 5 estrellas, una sola esquina de esta ciudad sin basura. Ah, y la pobreza que te carcome el alma. Créeme, no quiero ser cursi, te la carcome literalmente. Quizás para eso es bueno el yoga, para taparte los ojos sin tener que tapártelos. Tener que ver en cada semáforo cinco o seis niños vendiendo Cosmopolitan o Men’s-Helth (disfrazados con cachuchas y camisetas de la respectiva firma), tragando doce o más horas al día la contaminación de la cuarta ciudad con el aire más sucio del mundo y sonriéndole a los pasajeros de cientos de carros, que vamos siendo “conducidos” por nuestros choferes como grandes señores coloniales (léase: como estúpidos blanquetos - en mi caso mestizo - narices coloradas que en nuestros países a lo sumo andábamos en buseta o metro y aquí nos sentimos amos y señores de un país al cual no pertenecemos), mientras sus mamás están dándole teta a un bebé de apenas dos o tres meses medio empeloto, ambos echados en el separador vial como perros callejeros aguantando el pleno rayo del sol del medio día. Amén.

    Y qué puedes hacer en contra de todo esto? Por supuesto, ayudar! Y cómo? Hay gente que lo logra y a todos ellos los admiro: Chapeau!… pero a mí la pobreza me jodió (verbo colombiano, no ibérico;-)), es hat mich gefressen, me carcomió las fuerzas… realmente no sé por qué, pero así fue.

    Además tengo suficiente qué hacer con las diligencias de mi casa. La burocracia en la India es idéntica a la burocracia de Colombia… de hace 25 o 30 años, valga aclararlo. No acabo de arreglar un chicharrón, llámesele factura eléctrica o recibo telefónico, el cual por arte de magia me llegó por 300 Euros más de lo normal (siendo lo normal 50 Euros) cuando resulta que hay que mandar a reparar el motor del carro ya que el chofer anterior se estaba metiendo el billete destinado para el cambio de aceite al bolsillo y dejó quemar el motorcito, o resulta que la niñera ya no está viviendo solamente con su esposo y con su hija menor, sino con otras tres personas… lo cual me importaría un pepino, siempre y cuando no viviera en mi casa… y la lista continúa...

    Pero como diría mi viejita que en paz descanse: Mijito, haga de tripas corazón y deje de quejarse y si del cielo le caen limones, pues mi papito, aprenda a hacer limoná!

    Así que a partir de hoy intentaré de plasmar mis (a veces alegres, otras menos) aventuras y experiencias en este país que me ha dejado en los últimos 18 meses casi calvo, sin uñas, panzón, más feo y arrugado que de costumbre… pero eso sí: con un poco más de ahorros y a la espera de una segunda y hermosa bebé!

    derlatinlover

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