Edit: Este texto (como la gran mayoría que escribo en este blog) no es una historieta. Es una realidad, es el día a día para muchos extranjeros en este país esta ciudad, que como en mi caso, aún no han logrado entender esta nueva cultura. Y lo que parece exageraciones, no lo son. Es India. Vista con mis ojos.
--------------------------------
»Una granja marca Lego?«, me pregunta el vendedor.
»Sí, por favor«.
»Of course sir, one moment«.
Uf, del carajo, pienso. Parece que por fin encontré esa estúpida granja para mi ángel. Ya no aguantaba más las caras de mi mujer cada noche, al tener que explicarle, que no la había conseguido. Todo porque en esta pequeña ciudad de más de quince millones de habitantes el número de almacenes (no solo) de juguetes es un poco reducido…
Pero hasta razón tiene mi esposa de joder insistir tanto: A nuestra hijita podría darle un patatús si no se le compraba pronto su granja, obviamente, marca Lego. No va y sea que nuestra pequeña se traumatice y no tenga la oportunidad de usar su finquita medio día y después la deje amontonada para toda una eternidad junto a la barbie-house, a la cama para sus diecisiete muñecos, al supermercado con caja-y-billetes-cuasi-de-verdad, al triciclo y a los otros trece o catorce juguetes (estoy hablando de los grandes!) que después de abrirlos y estrellarlos contra el piso disfrutarlos un par de horas, le importan un pepino... y vuelve a su juguete preferido: Una caja de zapatos con dos huecos a cada lado. Según ella, su “shopping mall”.
Veo venir al vendedor. Con una bolsa plástica vieja.
»Here Sir«. El tipo sonríe. »Disculpe, pero esto no es una granja«, respondo. Y le devuelvo (amablemente) la sonrisa. »Esto es un dinosaurio plástico«. Pausa… larga pausa. Lo miro fijamente. »Granja Lego. La conoce?« Paso saliva.
»Ah! Of course sir, of course«. El tipo desaparece entre las estanterías.
Cálmate mijo, esto puede pasar hasta en las mejores familias, pienso para mis adentros (a propósito, cuándo piensa uno para sus afueras?). Suspiro y observo a los otros nueve empleados del diminuto almacén, los cuales, además de buscar monedas en el pantalón y hurgarse la nariz, no hacen más que mirarme y cuchichear. Qué les causará tanta risa a los caballeros el verme. Con subida de cejas y ademán de manos tipo “quieren tropel?!” intento averiguarlo. Reacción: cero.
El hombre que me atiende regresa. Observo lo que trae bajo el brazo y enrojezco.
»Here Sir«. »Here qué…?«, le pregunto, mientras me muestra tres muñecos parecidos a los power rangers.
»Lego«, responde. »”Granja-Lego?!”«, le reclamo recontraenputado en voz alta.
Ante mí se encuentra una pared de tez morena con dos hileras de ladrillos blanquísimos, que solo repite: »Yes sir, Lego«.
Mientras rechino los dientes le digo: »L E G O F A R M!« Trato de calmarme. »You know, a farm with animals, dogs, cows… you know«.
En ese preciso instante aparece detrás del tipo una figura muy pequeña, regordeta y cachetona (no!, no era un espejo!): Otro asesor. En una mano sostiene un carro de bomberos, en la otra una motocicleta policíaca que dispara luces y sonidos sin parar.
Los miro. Callo y tiemblo. El uno me muestra los power rangers, el otro el carro y la moto, los dos mueven la cabeza como perrito de decoración en carro de familia ñera. Escucho la risa del resto de "asesores". Mierda, ayer le había prometido a mi mujer tranquilizarme y no dejarme provocar de esa actitud tipo: todo me vale tres mierdas serena y sosegada de unos cuantos millones en esta ciudad, pero realmente no sé si pueda...
Por última vez repito en voz alta, clara y en mi mejor inglés: »Lego farm….you know, farm, animals, porks«. Le clavo la mirada al doble indio de Danny de Vitto: »Animals, donkeys, donkeys, donkeys!«. El tipo sale volando detrás de las estanterías.
Tic, tac, tic, tac, tic, tac.
Veo venir una caja de cartón tamaño niño que se mueve por sí sola. Suelto una carcajada. Dos colegas le ayudan al Danny indio a poner la caja encima de una vitrina.
Por favor, no lo vayas a decir, pienso por un momento mirando al super vendedor que me asesoró desde el comienzo. Por favor, no lo vayas a decir…
»Here Sir«. Mierda, lo dijo!
No sé si seguir riendo o ponerme a llorar. Frente a mis ojos sacan del cartón a un pony. Un gigantesco pony de peluche de color marrón y melena dorada...
Voy a la caja, agarro dos botellitas de burbujas de jabón, pago el par de centavos que cuestan, miro por última vez el circo que dejo atrás y abandono el lugar.
Ya estando en el carro escucho un susurro: »Sir?...Siiiir?«. No se vaya a voltear pelotudo, me digo, súbase al carro y lárguese. Me volteo. En la entrada del almacén veo diez tipos. Y un pony. O un burro…?






