Setenta y pico de horas han pasado desde que regresé de "escampar" un par de semanas en Europa el monsún. Sí, de escampar el monsún indio, el cual arrancó a comienzos de junio y casi ahoga a Nueva Delhi...
Estando allí, recostado contra una de las ventanas del metro, dirigiéndome al centro de Munich - una de las ciudades más bellas, limpias pero a la vez un poco cursis que he visto en el mundo - recordé por unos instantes mi última visita a Bogotá hace más de cinco años.
"Tomo un taxi y me dirijo hacia el casco antiguo de la ciudad. Viejo, lleno abolladuras y apestando a combustible. El conductor: un suicida. Al menos asi maneja. Abro la ventana y respiro una mezcla de aire y dióxido de carbono que sale a bocanadas de los exhostos de buses y camiones. Trancones por todas partes, huecos y charcos.
Detras nuestro vienen dos carros diplomáticos. Ambos Mercedes Benz, escoltados por dos motocicletas. El Convoy intenta sobrepasarnos. El taxista opone resistencia, acelera y se les atraviesa en el camino. Este vago miserable va que vuela, pienso mientras trago saliva. Quizás por esto no ve un hueco gigantesco en la mitad de la calle. Puta, que salto. Casi me rompo la cabeza contra el capo.
Una de las motos nos alcanza, el acompañante nos muestra una mini-usi. >>Hagan campo, maricones!<<, grita. El taxista sonríe. Y acelera. La moto se nos pega, y segundos después nos sobrepasan las dos motos. Nos encañonan. Yo tiemblo, la copia chiva de Schumacher se da por vencido. Gracias Dios.
El convoy diplomatico pasa de largo...
Zaz. Mierda. La camisa me queda empapada. Intento cerrar la ventana del taxi. Me quedo con la manija en la mano. Zaz, otra vez. La maldita ventana se queda trancada, obviamente abierta para mi desgracia. Esos cerdos diplomáticos pasan por encima de un charco y me embadurnan de pies a cabeza. Y mis pañuelos desechables? Busco en mi mochila. Y este chino huevón abusivo? >>Cójanlo<<, grito a todo pulmon. Un niño de diez u once años me arrebata el reloj y desaparece en zig-zag entre el tráfico. Y ahora? Lo persigo? Ah, para que diablos me busco problemas? En la estación de trenes en Munich consigo un reloj igualito por tres euros. Encuentro los pañuelos y me seco la cara. Aprieto mi mochila y me trago una nube de humo de un bus que pasa por el lado…"
El metro para en la estación de Marienplatz, en todo el centro monaquino. Me bajo. Un convoy de viejos alemanes (casi todos con ropa color crema) me sobrepasan.
Z...a...a...a...z.
Suspiro. Y sonrío.
Acción pura...pero en cámara lenta.
A veces extraño mi Bogotá - muchísimo...
Y antes que un desadaptado me diga “lárgate sudaca pa' tu tierra”, repito: A veces, no siempre...
se nota que extranas un poconon tu pais...porecito...saludos:-)