»Yes sir«.
Me quedo mirándolo, incrédulo. El hombre también me mira y repite, »yes sir«.
»Cuál yes ni que ocho cuartos«, le respondo. Me pongo cada segundo más y más colorado. »Casi 30 Euros por cambiarle la cabecilla a un reloj?!«
»No sir, 30 Eros no, solo 1700 Rupias«. El tipo sonríe. Yo me agarro los cuatro cabellos que me quedan.
»Por eso, casi 30 Euros!«, respondo. Por qué diablos soy tan pendejo y nunca pregunto el precio antes de mandar a hacer una reparación…?

»Okay, sir, okay«, dice, antes de escupir al piso una sustancia rojiza - el típico “chicle” de más del 95% de los hombres en este país. Y sigue sonriendo.
»Okay… qué?« Unos veinte curiosos hacen corrillo y nos observan discutir. Unos ríen, otros hacen grandes ojos, dos se agarran los testículos por encima del pantalón, un anciano eructa y una niña se escarba la nariz. Ah, y dos turistas rubios de mochila me rompen con la mirada…
»Okay sir. 1700 Rupias«.

Está loco este gran hijodesumadre?, pienso por un momento. Así parece ya que no se inmuta.

»Yo no le pago más de la mitad!«, le grito a todo pulmón.
»Okay sir, 850 rupias«.
»Ajá, ahora de repente 50% de descuento?«
»Yes sir, 50% de descuento. Good customer, good price«.
»850 rupias por esa pendejada?! Ni loco!«
»Okay sir, 850 rupias«.
»Que no, carajo! Eso es mucho por la huevonada que arregló«.

El tío este me mira, frunce la boca y encoge los hombros.

»Okay sir«.
Cuánto quisiera tener mi treintaydos recortada, que me regaló Lucho el traqueto de mi barrio en Bogotá para que yo le hiciera cuarto para salir a rumbearse a mi prima…
Me quedo mirándolo y le digo: »Sabe qué mister, le doy 500 rupias y haga lo que se le de la gana!«. Mientras digo eso siento un gotita de miedo, ya que más de uno de los chismosos se acerca al tipo y con un típico movimiento (indio) de cabeza - una mezcla entre sí y no y movimientos circulares… - le muestran su apoyo. A mí nadie me hace movimientos de cabeza, solo me miran. Uno que otro me atraviesan con la mirada.

»Okay sir«. El pícaro relojero me pica el ojo, se mete el billete de 500 en el bolsillo, me da una palmada en el hombro y se da la vuelta.

Puta, le gané a este pícaro!, pienso. Sonriente y orgulloso de mi acción me dirijo hacia el carro. Pinto me ve y abre la puerta.
»Thanks Pinto«.
»U are welcome sir«. Enciende el carro y abandonamos el mercado.

Ya en camino a casa - observando mi relojito - le pregunto:
»Sabe Pinto cuánto me quería cobra ese sinvergüenza que arregla relojes al lado del puesto de revistas “solo” por cambiarle la cabecilla al reloj?«
»Ah sir, a usted como extranjero le cobrarían por lo menos 200 Rupias. No cierto?«
… Pausa larga… bien larga …
»Sir?«
»Pinto, apúrele por favor, que mi mujer me está esperando«, le respondo mientras carraspeo.

Con la típica sonrisa amable pero a la vez irónica que caracteriza a los tibetanos, Pinto sube el volumen del radio y acelera…